El traslado de arena desde Entre Ríos hasta Neuquén expone las dificultades de una logística clave para el desarrollo hidrocarburífero. Pozos, calzadas deterioradas y tramos angostos elevan los tiempos de viaje, los costos operativos y los riesgos para quienes transitan el corredor.
El crecimiento de Vaca Muerta depende de una extensa red logística que conecta las áreas de producción con los proveedores de insumos distribuidos en distintas provincias. Uno de los ejemplos más claros es el transporte de arena desde las canteras de Ibicuy, en Entre Ríos, hasta Añelo, Neuquén, donde se utiliza en las operaciones de fractura hidráulica.
Sin embargo, el estado de algunos tramos de las rutas que integran ese recorrido plantea un problema que excede la eficiencia del transporte: la seguridad de quienes circulan diariamente por corredores que deben soportar un intenso tránsito pesado.
Un informe periodístico de Telenoche, que acompañó al camionero Mauricio Alonso durante parte de un recorrido de aproximadamente 1.400 kilómetros, volvió a poner el foco en las condiciones de la infraestructura vial. El viaje permitió registrar calzadas con pozos y deformaciones, sectores angostos y tramos en los que los vehículos deben reducir drásticamente la velocidad para avanzar.
Recorrer 100 kilómetros puede demandar hasta seis horas
La ruta de la arena conecta las canteras de Ibicuy con los yacimientos de la cuenca neuquina. Se trata de un trayecto estratégico para el abastecimiento de un insumo utilizado en la fractura hidráulica, proceso que permite mejorar el flujo de petróleo y gas desde la roca hacia los pozos.
Según el relevamiento difundido por Telenoche, algunos tramos deteriorados pueden demandar hasta seis horas para recorrer apenas 100 kilómetros.
Durante el trayecto, Alonso transporta unas 36 toneladas de arena por viaje. En distintos sectores, el estado de la calzada obliga a disminuir la velocidad para esquivar pozos y deformaciones, con consecuencias directas sobre los tiempos de traslado y el desgaste de los vehículos.
El conductor señaló que las condiciones empeoran a partir de General Acha, en La Pampa, y describió especialmente las dificultades que presenta la Ruta Nacional 151.
La Ruta 151, uno de los puntos más comprometidos
En determinados sectores de la Ruta Nacional 151, el deterioro obliga a circular a velocidades cercanas a los 10 kilómetros por hora. A las irregularidades del pavimento se suma la estrechez de la calzada, que complica el cruce de camiones en sentidos opuestos.
Cuando dos vehículos pesados se encuentran en estos tramos, alguno puede verse obligado a desplazarse hacia la banquina para evitar el contacto. Esta maniobra, en una ruta deteriorada y con escaso margen de circulación, incrementa la exposición a situaciones de riesgo.
El problema también afecta a los vehículos livianos. Los pozos pueden provocar daños en neumáticos y llantas, mientras que las maniobras para esquivarlos generan situaciones de peligro cuando coinciden con el tránsito pesado.
El informe periodístico recoge testimonios de conductores que describen estas condiciones como persistentes. No se trata únicamente de inconvenientes puntuales: el deterioro de la calzada y la falta de espacio para circular condicionan el viaje y obligan a mantener una atención permanente.

Más horas de viaje, mayor desgaste y riesgos viales
Las consecuencias del estado de las rutas se reflejan en distintos aspectos de la actividad.
Por un lado, las demoras alteran los tiempos previstos para el transporte de insumos esenciales para la industria energética. Cada hora adicional de viaje repercute en la organización de las cargas, el uso de combustible y la disponibilidad de los equipos.
Por otro, el deterioro de la infraestructura aumenta las exigencias sobre los conductores. Esquivar pozos, reducir bruscamente la velocidad y mantener una atención constante durante cientos de kilómetros incrementa el esfuerzo físico y mental al volante.
En el caso de Alonso, el tiempo perdido durante el recorrido se suma al desgaste provocado por la conducción en condiciones adversas. El camionero realiza este viaje de manera recurrente, por lo que los problemas de la traza forman parte de su actividad habitual.
A esto se agrega la necesidad de revisar los vehículos después de atravesar los sectores más deteriorados, ante la posibilidad de daños en neumáticos y otros componentes.
La preocupación central es la seguridad vial. Aunque el informe reúne testimonios directos sobre situaciones de riesgo, no aporta una estadística consolidada que permita atribuir una cifra específica de accidentes al estado de este corredor. La magnitud del problema requiere datos oficiales de siniestralidad, pero las condiciones documentadas muestran por qué el mantenimiento y la adecuación de la infraestructura son aspectos centrales para prevenir incidentes.
Una infraestructura que debe acompañar el crecimiento energético
La actividad de Vaca Muerta requiere un movimiento constante de equipos, materiales, arena, productos industriales y personal. A medida que aumenta la intensidad operativa, también crece la exigencia sobre los corredores que conectan las zonas productivas con los centros de abastecimiento.
En ese contexto, la infraestructura vial deja de ser un elemento secundario para convertirse en una parte esencial de la cadena energética. Una ruta en condiciones adecuadas contribuye a reducir demoras, preservar los vehículos y mejorar la seguridad de transportistas y demás usuarios.
El desafío no se limita a reparar los pozos más visibles. También involucra evaluar el ancho de las calzadas, las banquinas, la señalización, el estado de los cruces y la capacidad de las rutas para absorber un tránsito pesado que responde a una actividad económica en expansión.
La experiencia de los transportistas pone en evidencia una brecha entre las necesidades logísticas de la industria y las condiciones de algunos tramos utilizados para abastecerla.
La seguridad vial también forma parte del desarrollo de Vaca Muerta
El crecimiento de la producción de petróleo y gas suele medirse en volúmenes extraídos, inversiones, exportaciones y nuevas instalaciones. Sin embargo, detrás de esos indicadores existe una cadena de transporte que debe funcionar de manera segura y eficiente.
Cuando los camiones que abastecen a la industria deben avanzar a paso de hombre para evitar daños, o cuando el estado de la calzada obliga a maniobras riesgosas, el problema deja de ser exclusivamente logístico.
La condición de las rutas afecta a los trabajadores del transporte, a los conductores particulares y a las comunidades que conviven con el tránsito pesado. Por eso, la conservación y adecuación de los corredores viales constituye una condición necesaria para sostener el desarrollo energético sin trasladar costos y riesgos excesivos a quienes los utilizan.
El recorrido entre Entre Ríos y Neuquén vuelve a plantear una pregunta clave para el sector: cómo acompañar el crecimiento de Vaca Muerta con una infraestructura que esté a la altura de las necesidades productivas y, sobre todo, de la seguridad de las personas.
Fuente principal: Telenoche, a través de La Nueva Radio Suárez.
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