La decisión de Challenger Gold de avanzar hacia una planta propia en Ullum impacta sobre el circuito económico que se había generado alrededor del procesamiento de mineral en Casposo. El municipio estima una pérdida de hasta $800 millones mensuales y analiza alternativas para sostener la actividad de la planta y el empleo local.
El impacto de una decisión que modifica el circuito minero
La decisión de Challenger Gold de modificar el esquema de procesamiento de Hualilán ya comenzó a generar efectos en Calingasta.
El proyecto aurífero, que había elegido la planta de Casposo como infraestructura para procesar su mineral durante su primera etapa productiva, ahora proyecta avanzar hacia una operación integrada con instalaciones propias en Ullum.
Para Calingasta, el cambio implica revisar un esquema que había comenzado a movilizar una importante cadena de servicios alrededor del traslado y procesamiento del mineral.
El intendente Sebastián Carbajal estimó que el impacto económico de la interrupción del flujo asociado a Hualilán ronda los $800 millones mensuales, considerando actividades como transporte, combustible, alojamiento, gastronomía, lavandería y otros servicios vinculados a la operación.
El funcionario aclaró que se trata de una estimación del movimiento económico que deja de generarse en el departamento.
Casposo había recuperado actividad con Hualilán
La relación entre ambos proyectos había generado un esquema particular: el mineral se extraía en Hualilán, en Ullum, y recorría aproximadamente 165 kilómetros hasta la planta de Casposo para su procesamiento.
Ese modelo permitió aprovechar una infraestructura ya existente y, al mismo tiempo, darle una nueva dinámica económica a Calingasta.
De acuerdo con información difundida por la Cámara Minera de San Juan, el esquema contemplaba inversiones superiores a $11.800 millones durante tres años, además de 38 puestos de trabajo directos en el departamento y demanda para servicios locales.
Por eso, la decisión de Hualilán no impacta únicamente sobre la planta: también repercute sobre la red de proveedores y trabajadores que se había articulado alrededor de la operación.
Una cadena que va mucho más allá de la planta
El efecto económico señalado por el municipio comprende distintos eslabones de la actividad.
El transporte de mineral genera demanda de combustible y servicios logísticos. A eso se suman alojamiento y alimentación para trabajadores y transportistas, mantenimiento, lavandería, seguridad y otros servicios que forman parte del circuito minero.
Ese entramado es lo que Carbajal definió como la “cadena de valor” o “cadena económica” que se había generado en torno al procesamiento de Hualilán en Casposo.
La situación vuelve a poner sobre la mesa uno de los desafíos que enfrentan las comunidades vinculadas con la minería: cómo transformar la actividad de un proyecto en una cadena económica sostenible para el territorio.
El municipio busca alternativas para mantener activa a Casposo
Frente al nuevo escenario, la Municipalidad de Calingasta comenzó a evaluar alternativas para sostener el funcionamiento de la planta.
Una de las posibilidades planteadas es ampliar el universo de mineral que podría procesarse en Casposo mediante acuerdos con pequeños productores metalíferos de San Juan.
La propuesta apunta a que productores que actualmente no cuentan con infraestructura propia puedan utilizar la capacidad instalada de la planta y, de esa manera, mantener parte de la actividad económica que generaba el esquema anterior.
La iniciativa todavía se encuentra en una etapa de análisis y requerirá evaluar su viabilidad técnica, económica y regulatoria.
El nuevo escenario para Hualilán
Mientras Calingasta analiza alternativas, Challenger Gold avanza con su nuevo esquema para Hualilán.
La compañía decidió dejar atrás el procesamiento por encargo como modelo de largo plazo y proyecta construir una instalación propia en Ullum, con una transición de aproximadamente cuatro meses y una futura etapa de desarrollo que dependerá de estudios, permisos y financiamiento.
Esto significa que el cambio no debe interpretarse solamente como el cierre de un vínculo comercial entre dos proyectos.
Es, en realidad, una modificación en la arquitectura productiva de Hualilán, que pasa de apoyarse inicialmente en una infraestructura existente a planificar una cadena integrada alrededor de su propio yacimiento.
El desafío de aprovechar la infraestructura existente
El caso también abre una discusión más amplia para la minería sanjuanina: cómo aprovechar instalaciones que ya existen cuando los grandes proyectos modifican sus estrategias operativas.
Casposo cuenta con una planta que fue reacondicionada para volver a procesar mineral y que, durante los primeros meses de 2026, encontró en Hualilán una fuente adicional de actividad.
La salida de ese volumen obliga ahora a buscar nuevas fuentes de mineral que permitan sostener la infraestructura, los puestos de trabajo y los servicios asociados.
Para Calingasta, el desafío será transformar esta coyuntura en una oportunidad para diversificar el uso de Casposo y evitar que la economía local quede vinculada exclusivamente a las decisiones operativas de un único proyecto.
Dos proyectos, una nueva etapa
Hualilán y Casposo iniciaron 2026 formando parte de un mismo circuito productivo. El primero aportaba el mineral; el segundo, la capacidad de procesamiento.
Ahora cada proyecto comienza a transitar una etapa diferente.
Hualilán apunta a desarrollar una operación integrada en Ullum, mientras Calingasta busca nuevas alternativas para mantener activa la infraestructura de Casposo.
El impacto inmediato será un menor movimiento económico para el departamento, según la estimación municipal. Pero el escenario también plantea una oportunidad: encontrar nuevos proyectos y productores que permitan aprovechar una capacidad industrial ya instalada y sostener la generación de empleo y servicios alrededor de la minería.

