La compañía busca dejar atrás el esquema de procesamiento por terceros y avanzar hacia una infraestructura propia en Ullum. El cambio surge luego de la primera etapa productiva y contempla una transición de cuatro meses, nuevos estudios, permisos y la búsqueda de financiamiento.
De la primera producción a un nuevo modelo operativo
Hualilán atraviesa un nuevo punto de inflexión. El proyecto de oro que Challenger Gold desarrolla en San Juan inició este año su etapa productiva utilizando la planta de Casposo, en Calingasta, como alternativa de procesamiento por terceros. Ahora, la compañía decidió revisar ese esquema y avanzar hacia un modelo que contempla una operación integrada y una futura planta propia en el área del proyecto.
La decisión fue comunicada por Challenger tras una revisión operativa de la primera etapa de desarrollo. Según explicó la empresa, la experiencia obtenida durante el procesamiento inicial permitió evaluar con mayor precisión el camino de crecimiento del proyecto y reforzar la estrategia de avanzar hacia una operación de mayor escala e integrada.
El cambio no implica un abandono inmediato de las instalaciones de Casposo. Durante los próximos cuatro meses se desarrollará una transición planificada, mientras la compañía almacena mineral, continúa evaluando alternativas comerciales y define los próximos pasos técnicos y financieros.
Un vínculo que cambia, pero no necesariamente termina
Uno de los aspectos más relevantes de la nueva estrategia es que Hualilán dejará atrás el esquema de molienda por encargo que había establecido con Casposo.
El acuerdo original contemplaba el procesamiento de hasta 150.000 toneladas de mineral por año durante tres años, con una capacidad total comprometida de 450.000 toneladas. Ese mecanismo permitió a Hualilán avanzar rápidamente hacia su primera producción sin tener que esperar la construcción de una planta propia.
Sin embargo, la compañía ahora evalúa reemplazar ese modelo por un posible acuerdo de compra de mineral. Esto significa que Casposo podría continuar formando parte de la cadena productiva de Hualilán, aunque bajo una relación comercial diferente.
El cambio resulta especialmente significativo para Calingasta, ya que la reactivación de la planta de Casposo había quedado vinculada al procesamiento del mineral proveniente de Hualilán.
La primera etapa ya dejó resultados concretos
El paso por Casposo permitió a Challenger poner a prueba la cadena productiva y alcanzar la primera producción de oro de Hualilán en junio de 2026.
La primera colada produjo aproximadamente 500 onzas de oro y 6.000 onzas de plata a partir de unas 15.000 toneladas de mineral procesado. Ese resultado marcó un hito para el proyecto y permitió avanzar desde la etapa de desarrollo hacia una fase productiva inicial.
La experiencia acumulada durante este período es ahora uno de los elementos que sustentan la decisión de avanzar hacia un circuito propio.
En ese sentido, la estrategia de Challenger no parte de cero: la compañía ya cuenta con experiencia operativa reciente sobre el comportamiento del mineral, su procesamiento y la logística asociada al proyecto.
El próximo desafío: construir infraestructura propia
El nuevo camino contempla avanzar con los estudios de ingeniería, actualizar permisos y preparar la infraestructura necesaria para una planta de procesamiento localizada en el área de Hualilán, en Ullum.
El cronograma preliminar ubica la construcción de la futura planta entre fines de 2027 y comienzos de 2028, con el objetivo de retomar la producción hacia principios de 2029. Sin embargo, la propia compañía aclara que esas fechas todavía no son definitivas y estarán sujetas al avance de los permisos, el financiamiento, la actualización del estudio de prefactibilidad y las aprobaciones correspondientes.
Otro factor que aparece dentro de la hoja de ruta es el eventual ingreso de Hualilán al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), una herramienta que podría resultar relevante para la etapa de desarrollo de la nueva infraestructura.
Una transformación en la escala del proyecto
El cambio de estrategia también debe leerse en el contexto de la evolución que tuvo Hualilán durante los últimos meses.
Challenger Gold presenta actualmente al proyecto como un activo con una estimación de recursos de 2,8 millones de onzas equivalentes de oro y una estrategia orientada a desarrollar una operación de oro de alta ley.
La compañía había planteado inicialmente una etapa de producción mediante procesamiento por terceros como una forma de generar flujo de caja y adquirir experiencia operativa mientras avanzaba hacia una instalación propia. Documentos anteriores de Challenger ya contemplaban la construcción de una planta dedicada como parte de la siguiente etapa de desarrollo del proyecto.
Ahora, ese escenario comienza a tomar una forma más concreta.
Más allá de Casposo: el desafío de capturar mayor valor en origen
El nuevo modelo plantea una cuestión central para el desarrollo minero de San Juan: cuánto de la cadena de valor puede permanecer dentro del territorio donde se extrae el recurso.
Pasar de transportar el mineral hacia una planta de terceros a contar con infraestructura propia supone una transformación relevante en términos operativos y logísticos. También abre la posibilidad de concentrar una mayor parte de las actividades vinculadas al procesamiento en el entorno del propio proyecto.
Para Hualilán, la decisión representa una apuesta de mayor escala y compromiso de capital. Para San Juan, puede significar la consolidación de una nueva etapa para un proyecto que ya logró atravesar el desafío de llegar a su primera producción.
Pero el camino todavía tiene varios pasos por delante: permisos, estudios, financiamiento, definición del esquema de procesamiento y eventual incorporación al RIGI.
Por eso, más que un simple cambio de planta, el movimiento de Challenger marca un cambio en la hoja de ruta de Hualilán: de una primera etapa basada en infraestructura existente a la planificación de una operación integrada y propia en San Juan.
Una transición que puede redefinir el proyecto
Hualilán comenzó su recorrido productivo utilizando la capacidad instalada de Casposo. Ahora, con la experiencia de esa primera etapa, Challenger busca avanzar hacia un modelo diferente.
El resultado final dependerá de la capacidad de la compañía para transformar los planes de ingeniería y financiamiento en infraestructura concreta. Pero la dirección ya está definida: el proyecto apunta a que su próxima etapa productiva tenga procesamiento propio y se desarrolle alrededor de una cadena operativa integrada en San Juan.

