Palermo Aike, Los Molles y Los Monos concentran parte de la expectativa sobre el futuro de la producción de petróleo y gas fuera del principal polo no convencional del país. Son proyectos con distintos niveles de avance y un mismo desafío: transformar potencial geológico en producción comercial.
Vaca Muerta abrió la puerta a una nueva etapa
El crecimiento de Vaca Muerta modificó la escala de la industria hidrocarburífera argentina y permitió desarrollar conocimientos, tecnología, proveedores e infraestructura vinculados con la producción no convencional.
La formación neuquina todavía tiene un amplio margen para continuar aumentando su producción. De hecho, la Cuenca Neuquina concentró durante el acumulado anual a julio de 2026 el 77,5% de la producción petrolera argentina y el 74,9% de la producción de gas, según datos de la Secretaría de Energía relevados por Qualy Consultora.
Pero mientras ese desarrollo continúa, las empresas comenzaron a mirar otras formaciones que podrían ampliar la frontera energética del país.
Entre ellas aparecen Palermo Aike, Los Molles y Los Monos, tres proyectos que comparten potencial, pero no necesariamente los mismos tiempos ni condiciones para llegar a producir a gran escala.
Palermo Aike, la apuesta de Santa Cruz
En la Cuenca Austral, Santa Cruz concentra una de las principales expectativas fuera de Vaca Muerta.
Palermo Aike es una formación de recursos no convencionales que comenzó a recibir una atención creciente por su potencial petrolero y gasífero.
La experiencia adquirida durante el desarrollo del shale neuquino permite ahora aplicar nuevas técnicas de exploración y producción sobre otras formaciones.
Sin embargo, el desarrollo de Palermo Aike todavía requiere avanzar en etapas de exploración, evaluación y reducción de costos antes de alcanzar una escala productiva comparable con la de Vaca Muerta.
El especialista Fernando Bazán, de ABECEB, señaló a El Cronista que es la alternativa que presenta mejores posibilidades de convertirse en un polo productivo de magnitud, aunque dentro de un horizonte de mediano a largo plazo.
Los Molles: el potencial que se extiende dentro de la Cuenca Neuquina
El segundo caso tiene una particularidad: Los Molles se encuentra dentro de la misma gran cuenca que alberga a Vaca Muerta.
Su desarrollo podría beneficiarse de parte del conocimiento, los servicios y la infraestructura que fueron creciendo alrededor de la actividad neuquina.
Eso cambia sustancialmente las condiciones respecto de una formación ubicada en una región sin una industria hidrocarburífera de semejante escala.
El desafío, en este caso, pasa por determinar cuánto de ese potencial puede transformarse en producción económicamente competitiva y qué inversiones serían necesarias para llevarlo a una escala mayor.
Los Monos todavía está en una etapa más temprana
En el norte de Salta aparece Los Monos, una formación que también despierta expectativas por sus recursos de petróleo y gas.
Sin embargo, su situación es diferente a la de Palermo Aike y Los Molles.
La formación todavía se encuentra en una etapa mucho más temprana de desarrollo, por lo que antes de pensar en una producción de gran escala será necesario profundizar el conocimiento del subsuelo, evaluar resultados y determinar si el recurso puede explotarse de manera comercial.
Ese proceso puede demandar años y nuevas inversiones antes de alcanzar una definición sobre su potencial productivo.
El verdadero desafío está entre el recurso y la producción
Tener recursos hidrocarburíferos no significa automáticamente tener nueva producción.
Entre ambos puntos existe un proceso que requiere perforación, tecnología, infraestructura, transporte, equipos, servicios especializados y capital.
Ese es uno de los principales desafíos para las nuevas fronteras del Oil & Gas argentino.
Los costos de los pozos pueden ser significativamente superiores a los de Vaca Muerta y, además, muchas de estas áreas todavía no cuentan con una infraestructura de transporte y procesamiento desarrollada específicamente para una producción de gran escala.
La diferencia es importante: Vaca Muerta lleva más de una década acumulando conocimiento operativo y construyendo una cadena de proveedores alrededor de la actividad.
Las nuevas formaciones tienen que recorrer buena parte de ese camino.
La infraestructura será parte de la ecuación
El crecimiento de Vaca Muerta ya está generando nuevas necesidades de transporte y logística. La expansión de la producción obliga a sumar capacidad para movilizar petróleo, gas, arena, equipos e insumos.
Para las nuevas fronteras hidrocarburíferas, este desafío puede ser todavía mayor.
Sin rutas adecuadas, ductos, plantas de tratamiento, sistemas de almacenamiento y alternativas de evacuación, un recurso geológico puede permanecer durante años sin convertirse en producción comercial.
Por eso, el desarrollo de estos proyectos no dependerá solamente del volumen de hidrocarburos existente bajo tierra, sino también de la capacidad para construir alrededor de ellos un ecosistema productivo competitivo.
Tres caminos diferentes para ampliar el mapa energético
Palermo Aike, Los Molles y Los Monos no forman un bloque homogéneo.
Uno se encuentra en Santa Cruz y puede convertirse en un nuevo polo productivo de importancia; otro está dentro de la propia Cuenca Neuquina y puede aprovechar parte de la infraestructura y experiencia acumuladas; y el tercero todavía necesita atravesar una etapa mayor de exploración y evaluación.
Lo que los conecta es la posibilidad de que la experiencia adquirida durante la revolución del shale argentino permita abrir nuevas fronteras para la producción de petróleo y gas.
No se trata de reemplazar a Vaca Muerta, sino de ampliar progresivamente el mapa energético.
El próximo desafío será convertir potencial en escala
Argentina ya cuenta con un desarrollo no convencional de gran magnitud. El siguiente paso consiste en determinar hasta dónde puede extenderse ese conocimiento hacia otras cuencas.
El proceso será necesariamente gradual. La exploración deberá confirmar recursos, los proyectos deberán demostrar viabilidad económica y la infraestructura tendrá que acompañar cada nueva etapa.
Por eso, más que buscar hoy una nueva “Vaca Muerta”, el desafío consiste en construir nuevos polos productivos capaces de complementar el crecimiento de la Cuenca Neuquina.
El potencial existe. La próxima etapa será comprobar cuánto de ese potencial puede transformarse en producción, inversiones y actividad económica concreta.
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